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Algunos recursos y visiones sobre los temas tratados en el G20 Consumers Summit en Argentina

Los días 15 y 16 de mayo, se realizó en Argentina el segundo encuentro sobre derecho del consumidor dentro del G20. La temática estuvo centrada principalmente en la seguridad en el mundo digital y la lucha para disminuir el desperdicio de alimentos en un mundo con una población en constante crecimiento.

La jornada contó con la presencia de autoridades de distintos puntos del mundo, así como grupos no gubernamentales y especialistas en distintos aspectos de las temáticas tratadas, generándose así una vidriera interesante de un determinado nivel de discusión a escala global.

 

Temas tratados en la jornada

El eje, en relación con el mundo digital, estuvo puesto principalmente en la seguridad de los nuevos productos inteligentes. Particularmente en los peligros de la privacidad ante juguetes orientados a niños, que cuentan con potencialidad para recabar y transmitir información a terceros desconocidos. Muchos de los paneles tocaron estos temas, poniendo el énfasis en la necesidad de prestar mayor atención a los productos que se adquieren. A pesar de este enfoque general, algunos de los expositores salieron de este enfoque para plantear la necesidad de enfocarse en la responsabilidad empresaria y el control de las mecánicas contractuales impuestas por los proveedores.

En relación con el desperdicio de alimentos, se presentó información bastante detallada de la problemática desde distintas ópticas, así cómo políticas para lograr disminuir el desperdicio. Entre ellas, la clave estuvo mayormente, nuevamente, en la educación al consumidor y la necesidad de inculcar la responsabilidad para evitar el dispendio. Se mostraron ejemplos de políticas en este sentido (estrategias de campañas de concientización principalmente) y algunos casos conocidos en Argentina que tienen un impacto positivo (principalmente el banco de alimentos). La discusión sobre la responsabilidad empresaria, estuvo nuevamente ausente en estos paneles (salvo contadas excepciones), y ausente estuvo también la discusión sobre los medios de producción de alimentos o el control de la comercialización de alimentos perjudiciales para el ambiente o la salud de los consumidores.

Algunos recursos útiles presentados

El principal beneficio de jornadas de este tipo, es la posibilidad de conocer políticas impulsadas en otros países, para así poder ampliar la visión sobre los problemas que debemos luchar por solucionar y tomar ejemplos eficaces y probados para lograrlo. En este sentido, se presentaron varias herramientas que pueden ser de utilidad para aquellos que luchan por lograr cambios en estas áreas.

 

El Digital Policy Index

El que nos pareció más práctico y útil a mediano y largo plazo, es el presentado por Consumers International como «Digital Policy Index» (Indice de políticas digitales). Este portal disponible en https://digitalindex.consumersinternational.org/search/category/ownership-and-use , recaba información sobre las políticas desarrolladas en distintos países del mundo, para lidiar con los problemas del mundo digital, contando con buscadores por temas, países y región, así como con acceso a la fuente de forma directa. Actualmente está públicamente disponible y cuenta con mucha información interesante para explorar nuevos mecanismos. Tiene una interfaz simple y puede convertirse en un buen recurso de investigación en la materia y desarrollo de políticas para nuestro país.

 

El Set de herramientas para proteger al consumidor digital de la OECD

Otro recurso presentado, en el mismo sentido que el anterior, es el «Toolkit for protecting digital consumers» (Set de herramientas para proteger al consumidor digital), disponible aquí y encargado por la presidencia del G20 en la reunión del año pasado (Alemania) sobre derechos de los consumidores, y desarrollado por la OECD (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ). Este manual, cuenta también con distintas políticas que se proponen para resolver muchos de los problemas del mundo digital. En pocas palabras, se presente el manual como un «(…) set de principios y prácticas para proteger al consumidor digital y mejorar la confianza en el e-comerce.  Está designada para servir como un recurso práctico para los generadores de políticas de las economías del g20, y para brindar información y ayuda para iniciativas para crear, adaptar o mantener la protección de los consumidores». Puntualmente se busca «asegurar a consumidores empoderados y que tomen las ventajas de las oportunidades que ofrece el comercio electrónico, asegurando su seguridad ante los riesgos que presenta».

Ambos recursos se presentan como herramientas útiles para analizar los problemas de los derechos de los consumidores y conseguir mejores respuestas.

 

La visión de los consumidores en el G20

El eje de la mayoría de las posturas (afortunadamente no todas), estuvo puesto en la educación de los consumidores y la necesidad de responsabilizarlos en nuevos entornos más peligrosos y que pueden generarles daños. Subsidiariamente, se promocionaron distintas herramientas para poder paliar los daños generados por los productos comercializados (especialmente sistemas de alertas tempranas y recall).

De estos discursos, que son conocidos en especial en países de la Unión Europea y en menor medida en Estados Unidos, se detectan varias ausencias.

¿Todas las responsabilidades de los consumidores?

En primer lugar, estas posturas no se condicen con un derecho protectorio de un grupo desventajado. Si bien se presentan como orientados a proteger a los consumidores, se cargan sobre ellos la mayoría de las responsabilidades para evitar los daños que otros les generan voluntariamente (sea por acción u omisión). Subsidiariamente, el estado busca limitar el daño a su costa (mediante los sistemas de alertas, o campañas). El ausente a la hora de analizar su responsabilidad, es el sector empresario, al que no se le aplican restricciones, controles preventivos, ni mucho menos sanciones (un tema totalmente ausente en todas los paneles). Un ejemplo palmario de esta omisión extrema, estuvo dado en los paneles de alimentos, en donde se hablaba de la necesidad de concientizar a los consumidores sobre la basura o el desperdicio de alimentos, incluso mediante campañas públicas, mientras que no hubo mención alguna sobre la responsabilidad exclusiva de los productores de dichos envases (y los desperdicios subsiguientes) o las enormes sumas de dinero que los proveedores gastan en publicidad para fomentar el consumo al máximo de productos perjudiciales para la salud. Ante este alud de basura y publicidad perjudicial, el estado propone una gota de campaña de concientización, en lugar de buscar un efectivo control y prevención en el origen. Siempre es más fácil condicionar a la parte débil (el consumidor), que controlar al fuerte (el fabricante).

¿Y los servicios digitales?

Otro ausente enorme de la discusión fue el sector de los servicios. Si bien ocupa una sector mayoritario de la economía (e igualmente en el mercado digital, sea de forma directa o indirecta -por medio del software de los productos-), casi nada se dijo sobre la responsabilidad del estos proveedores. Todo el discurso se enfocó en los productos y su necesidad de control. Incluso se expusieron opciones que dejaban totalmente de lado todo tipo de visión protectoria, como la que apuntaba a la responsabilidad de los consumidores de leer las infinitas cláusulas y condiciones contractuales de cada software que se le provee (de forma obligatoria y a todo o nada). Se omiten así todos los avances sobre imposiciones contractuales, los progresos en materias de cláusulas y prácticas abusivas o sorpresivas, y ni que hablar del rol del orden público. Mucho menos se habló de sistemas de alertas tempranas de prácticas contractuales (omisión escandalosa que permite a las empresas aplicar prácticas abusivas en lugares en donde no fueron detectadas por las autoridades o los consumidores), ni tampoco del control previo contractual. Pocas palabras se le dedicaron incluso a la posibilidad de fijar standards mínimos en los contratos electrónicos.

 

Conclusiones

Las jornadas trajeron muchas experiencias positivas de distintos puntos del planeta, permitiendo conocer, aprender y adaptar nuestras prácticas. Por otro lado, dan una ventana a las expectativas y visiones que sobre el derecho del consumidor, tienen muchos de los países a nivel mundial, así como las visiones que se propugnan principalmente de los países de la Unión Europea. Hubo enormes ausencias en todo lo que tuviera que ver con el efectivo control de los productores, se omitió totalmente cualquier discusión sobre los servicios y las prácticas comerciales (tema casi tabú), y se intentó cargar sobre los consumidores la necesidad de luchar contra el desperdicio de alimentos, la seguridad de la información el medio ambiente. Como siempre en este tipo de eventos, queda mucho para analizar y mucho para procesar de todo lo expuesto y los materiales proporcionados. Dicho esto, es necesario -para poder proteger efectivamente a los consumidores-, comprender estos mecanismos y trabas nacionales e internacionales, así como elegir adecuadamente las experiencias internacionales y comprender sus objetivos expresos o tácitos, y así conseguir mejores y más efectivas políticas en la Argentina.

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